La carta

Te escribí una carta que nunca te di

cuando viajaba, cuando huía

te escribía escondido en el baño

del tren

te escribía

en el tren

Nunca te la di

Destruí la carta, como todo en aquel tiempo,

incluido yo mismo

yo

mismo

la carta sin entregar

como la sombra

en la curva de mi brazo

Woodman1

 

Imagen: F. Woodman

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Londres 1993

Terminaba la fiesta y no me di cuenta. Un viento lisérgico hizo volar las páginas de un periódico (creo que era The Guardian) por un cielo recién amanecido. No podía dejar de mirarlo. Había un tipo que parecía Hendrix tocando el tambor. Con la luz del día vi que le sangraban las manos de tanto golpear el cuero, aunque parecía no importarle. Me mareaba al mirar las gotas de sangre salpicando al repicar. Son las drogas –pensé–, así que entré en la casa. Quizá me lo imaginé, pero me pareció que habían arrancado la barandilla de la escalera y que había excrementos en la moqueta. Al salir, estuve a punto de ser atropellado por un coche al cruzar la calle. Me equivoqué al mirar. Estábamos en Londres.

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